Homenaje a mujeres Siloistas que inspiran
La frase “Ahora que sí nos ven” me dio qué pensar sobre nosotras: las mujeres siloistas.
Durante varias décadas nuestra escuela fue dirigida por varones, posicionando a las mujeres que participamos en segundas o terceras instancias de trabajo, cuando representamos un amplio porcentaje del movimiento. En una recopilación exhaustiva de los hechos, me preguntaba de qué manera se podía visibilizar a tantas mujeres que hicieron de su estilo de vida, una participación de activismo voluntario no violento para que esta escuela tuviera extensión en todo el mundo, no solamente en los territorios de habla hispana.
A partir de ese momento, una lluvia de imágenes comenzaron a pasar por mi retina. Muchas mujeres que me aparecieron eran de nacionalidad argentina porque es mi lugar de formación y también, porque las he conocido personalmente.
Tuve que hacer un recorrido biográfico para ser leal con mi acometido.
Las mujeres fueron determinantes, en muchos casos, haciendo tareas lejos de su lugar de origen para que este movimiento tuviera resonancia mundial. Las actividades que desarrollaban parecían secundarias pero eran fundamentales para el funcionamiento de los equipos de trabajo. Me fui dando cuenta que algunas ya no están, cuántas sí siguen estando y me tengo que apurar a charlar con ellas porque es posible que, en algún momento, no muy lejano, yo también parta.
A partir de la década del 70 donde los gobiernos en América Latina se volvían cada vez más violentos, crueles e inhumanos; el activismo no era sencillo. Nosotras, entusiasmadas con la idea de cambiar al mundo, abrazando la idea de “Humanizar la tierra” y terminar con la violencia; no nos importaban las dificultades geopolíticas que existían en los países: solo queríamos llevar nuestra causa adelante a como dé lugar.
La permanente persecución, difamación y encarcelamiento a Silo no era un obstáculo. Todo lo contrario: los proyectos se llevaban adelante en conjunto con las/os coetáneas/os en cualquier lugar del mundo donde se pudiera. Comenzamos a desplazarnos, ya sea exiliadas por las persecuciones, por propia voluntad a otros continentes o por proyectos de equipo. Fuimos ideando y trabajando para poder instalar esta mirada no-violenta y humanizadora por todo el planeta.
A mediados de los ochenta, cuando había posibilidades de democratización en los países del cono sur; fuimos retornando hacia nuestros lugares de origen o hacia otros continentes, ya en proyectos mejor diseñados. En 1982, regresé a Buenos Aires, tratando de ver adónde me iba a acomodar para sumarme al proyecto de “Humanizar la Tierra” y fui conociendo nuevas amigas/os.
Entre ellos/as, estaba Luisa Bogiano, tan activista como todas.
Mientras estos años fueron pasando, siempre nos encontrábamos en alguna actividad. Ahora que estoy iniciando este proyecto, le consulté si quería formar parte de esta entrevista. La invité a tomarnos un café donde solemos juntarnos todas las amigas para ir a las marchas o protestas, y le conté que quería hacer el: “Ahora que sí nos ven”. Le gustó y quedamos en que pasara el verano para poder hacer la entrevista. Luego de un tiempo, la concretamos. Como ella vive en la prov. de Bs.As, le pidió a una amiga que le prestara su casa en Capital para estar cómodas.
Contame, ¿dónde naciste, Luisa? ¿Cómo era tu entorno? ¿Qué estudiaste? ¿Cuándo viniste para Buenos Aires?¿Por qué?
Nací en la provincia de Entre Ríos, en un pueblo que se llama Larroque, un pueblo que hoy tiene 12.000 habitantes, más o menos. Crecí en la zona rural, en una chacra. Mis padres eran campesinos. Fui a la escuela en el pueblo, viajábamos todos los días, poco porque estábamos cerca, a 10 kilómetros. Ahí hice la primaria, la secundaria, y después, sí, ya me trasladé a Gualeguaychú para hacer el profesorado de educación especial y después me vine para acá: para Bs. As. en 1985. Ya estábamos en democracia. Ese mismo año, ingreso al movimiento humanista.
¿Qué te interesó o te llevó a incorporarte al Movimiento humanista?
Estaba en la búsqueda. Ya desde muy chica había participado de un montón de cosas que tenían que ver. Acordate que el 83 fue el año de la vuelta de la democracia, digamos, así que los jóvenes teníamos muchas inquietudes. Yo, durante el secundario había buscado en cuestiones religiosas, políticas; había participado de derechos humanos, de todas las movidas que había en el pueblo. Así que cuando llegué acá, en enero de 1985, seguí buscando distintas cosas, me mudé con otras chicas de Entre Ríos por Primera Junta, Caballito. Recuerdo que fuimos a un par de charlas de los Hare Krishnas que estaban por el Pasaje Maestro, por esa zona porque nos gustaba investigar, buscar. Ese año empecé la Facultad de Psicología, y ahí yo estudiaba con una chica que estaba de novia con un compañero que participaba en el movimiento humanista, y empecé a participar. (...) A mí lo que más me entusiasmó es que no era solamente un trabajo en el plano social, sino que también tenía una relación directa con el mundo interno; y que al trabajar lo interno, trabajabas lo externo, y al trabajar lo externo, trabajabas lo interno.
¿Ya conocías esa diferencia entre lo externo, lo social y lo interno o lo aprendiste trabajando?
No, lo tenía marcado porque yo había estado participando de algunas cuestiones religiosas. Habíamos ido a charlas del budismo, de los Baha'i, prácticas también de los Hare Krishnas, de los Baha'i allá en Entre Ríos, y de la Iglesia Católica, de los de la teología de la Liberación, de Leonardo Boff, de Hélder Cámara, toda esta gente que estaba relacionada al mundo de los derechos humanos.
Y mientras eso sucedía, alrededor tuyo: ¿qué pasaba? ¿Qué tipo de vida hacías?
La vida que yo hacía era la de cualquier adolescente en ese momento. Tenía 23. Iba a la facultad y la otra parte del día, trabajaba. Yo ya había llegado acá recibida, así que a los cinco días había conseguido trabajo como maestra especial y cursaba en la facultad muchas horas. Ese año fue el primer año del CBC, entonces era una bestialidad lo que cursábamos. Era muy experimental: era el primer año del CBC. Aparte de estudiar y trabajar, concurría a las reuniones.
¿Cómo era el entorno de los jóvenes que había en ese momento? Cuando salían y trabajaban en la calle, ¿cómo se conectaban con la gente?
Si bien había mucha actividad social y política, mucha efervescencia por esos años, sobre todo de la década del 80, la gente buscaba tener una profesión. Sí, buscaba tener una profesión y ejercerla y destacarse en esa profesión. De hecho, a mí eso me creó bastante conflicto interno. Y dejé la facultad, por ejemplo, y me creó conflicto con mi familia también, porque ellos pretendían que yo terminara la facultad. (...) En ese momento, empezamos a hacernos cargo de grupos en las provincias, entonces te tenías que ir y quedarte porque había que sacar el partido humanista adelante. (...) Las actividades eran invitar a otros, repartir volantes y ahí después al mes, más o menos, yo conozco a uno de los orientadores y empiezo a salir con él, a tener una relación también personal. (...) Cuando nos juntabamos siempre había charlas, algún trabajito personal muy pequeño y después se organizaban actividades.
¿Cómo te sentías con eso? ¿Estaba tu activismo integrado dentro de tu mismo estilo de vida?
Al principio es todo lindo porque te enamoras, pero después a poco de andar yo ya empecé a sentir la presión de la pareja, el orientador que te pedía determinados resultados, llegaron las exigencias, digamos. (...) Las exigencias venían por la relación que tenía con él, porque yo siempre fui muy responsable respecto de las responsabilidades que asumo. (...) Las exigencias tenían que ver con el tema de la cantidad de gente que había que llevar a determinadas reuniones o a determinadas actividades, actos, asociaciones.
¿Tu pareja también tenía ese resultado que él pedía?
No necesariamente. Por supuesto esto es visto con el diario del lunes, en ese momento yo no lo veía tan claramente, pero como las mujeres éramos las que ideamos las actividades… Después, me di cuenta de que también había un nivel de violencia bastante importante porque a los tres meses llega una muchacha que venía de otra provincia y yo me entero que -también- era su pareja. Para mí eso fue un golpe bastante importante y él no le había dicho nada que estaba con otra persona. Se armó un bollo, de mucha tensión, muy complejo. Así que esa situación fue bastante difícil. Difícil de digerir, de procesar. No sé si era porque éramos muy jóvenes o porque se naturalizaba todo esto.
¿Vos te dabas cuenta que se naturalizaba esa situación en ese momento o lo podés decir ahora?
En ese momento, uno no entendía. No, una no entendía. Una lo sufría, pero no se decía tampoco. Es como “de eso no se habla”. Por ahí, entre nosotras sí lo hablábamos. Yo recuerdo que una chica muy amiga mía sufría las mismas cosas. Estaban mezcladas las relaciones amorosas con toda la actividad.
Y económicamente, ¿cómo funcionaba? ¿Quién bancaba?
Económicamente, yo trabajaba en escuelas. En esa época trabajaba un solo cargo, cuatro horas por día, pero te alcanzaba, era distinta la situación. Algunos compañeros trabajan en telefónica, en el Congreso, en empresas. Como, en general, la gente trabajaba. Alquilábamos un departamento en Caballito, Flores. Todos trabajábamos. (...) De algún modo estaba bien visto eso, dedicarle mucho tiempo a la cosa. Lo importante era el activismo y el trabajo era secundario, solo para vivir. No buscaban llevar una profesión adelante como en general, digamos, porque había personas con distintas profesiones.
¿Qué fue lo que te llevó a retomar la facultad desde la abogacía? ¿En qué momento de tu proceso personal estabas?
Estaba en un momento de mi proceso donde estaba experimentando bastante violencia en mi relación de pareja, no violencia física, sino violencia psicológica. De alguien que imponía su forma, su punto de vista, su cosmovisión, digamos. Y también yo estaba transitando una etapa donde veía que muchas mujeres vivían esto cotidianamente. Y me puse a estudiar simultáneamente en la academia, Derecho y subterráneamente, me empecé a meter en grupos de psicología de Jung. Porque aquí en la academia no hay ni creo que vaya a estar tampoco. Después de mucho tiempo me pareció que era la psicología que valía la pena, porque era la que conectaba como el humanismo los dos mundos: el mundo interno y el mundo externo. Al Derecho lo ví como una herramienta útil para mí y para todas las mujeres. Me pareció que podía darnos elementos para organizarnos sobre todo de un modo diferente.
¿Tuviste alguna experiencia personal que te llevó a mirar de esa manera al mundo?
Sí. A mí me parecía que lo que Silo planteaba era realmente una alternativa a todo lo que pasaba en el mundo. Me parecía que su doctrina tenía, y la tiene hoy, mucho sentido y valor respecto de las posibilidades futuras del ser humano, mía y de otros. Lo sigo creyendo (...) Yo puedo ser una buena profesional y ser una persona humanista.
Eso que vos decís es una reflexión intelectual y racional. Para llegar a eso, ¿qué te fue pasando? Porque no es solo una reflexión intelectual cuando uno toma decisiones en la vida.
Yo creo que se empezó a operar en mí un cambio positivo y empecé a sentirme bien con lo que hacía. Por supuesto, a los dos años me separé, seguí sola, digamos.
¿Cuál dirías que es la experiencia más profunda que tuviste para continuar en esto y un día cerrar la puerta y decir me voy a buscar otra cosa?
Fueron varias experiencias. El retiro de la fuerza, para mí es un antes y un después. Algunas de las actividades también. Y esto de trabajar, a mí siempre me gustó lo colectivo, lo de trabajar en ámbitos, no trabajar solo. Yo creo que esa ha sido una de nuestras grandezas. Yo estuve como desde el 85 al 88, fueron tres años de la experiencia en el Consejo de Rosario. Después, por distintas circunstancias que tenían que ver con el ámbito mayor, yo pasé a trabajar con Alicia en la estructura. (...) Y para mí ahí me cambió totalmente la cuestión. Encontré un ámbito, salvo algunos personajes que son muy particulares, el resto del ámbito es un ámbito muy fuerte, muy potente. (...) Cuando yo decido separarme de mi pareja e irme de ese grupo, yo elijo de algún modo y una de las cosas que yo tenía certeza es: esto no lo quiero más. Una cosa desprolija, donde se decía una cosa, se hacía otra y lo que una experimentaba era violencia. O sea, si yo digo que estoy trabajando por la no violencia: estoy trabajando por la no violencia en mis ámbitos también. No solo para dentro con uno, ¿no? Que sea de verdad. (...) Uno es portador de estas violencias. Entonces, yo creo que desactivarlas no fue responsabilidad del negro (Silo). Para mí desactivarlas fue responsabilidad de todas nosotras. Y si estamos hoy o estamos acá conversando, es porque algunas hablamos de esto. Porque también muchas de nuestras compañeras humanistas han decidido no hablar de esto y otras han decidido justificar esto. Y otras quizás están como paradas en el lugar del que juzga sin verse como parte del problema. Yo me siento parte de este problema como también me siento parte de la solución.
Me pregunto sobre el modelo de la pareja política o de militancia, ya que es muy apreciado por las dirigencias masculinas en las organizaciones verticales. Estamos dándonos cuenta en estos tiempos de la violencia patriarcal en las organizaciones de base.
¿Tenías la misma relación con las mujeres que con los varones de la organización?¿Cómo ves la conducta de las mujeres en toda esa etapa de expansión del siloismo?
Siempre me llevé mejor con las mujeres. Siempre tuvimos lindos vínculos. Una cosa es como yo lo veía antes y otra es como lo veo ahora. Antes me parecía que algo no estaba bien, pero no lograba entender mucho qué era lo que no me cerraba. Te digo una escena que yo no me la pude sacar de mi cabeza con una compañera, su marido y su niño. La preocupación que ella pasaba todos los meses era que su marido iba a hacer actividades de la organización y no se conectaba. Ella seguía sola a cargo de todo. Yo era parte de esa familia. Era muy fuerte eso, que ella se quedara sola con el hijo, que el tipo desapareciera porque supuestamente era un héroe que estaba haciendo no sé qué cosa.
¿Crees que estas conductas tienen que ver como los feminismos describen los modos de modificar el mundo?
A mí me parece que el feminismo es un actor fundamental en estos tiempos de cambio y que las mujeres somos protagonistas en primera persona de los cambios positivos que se están gestando en el mundo. Porque considero que hemos ocupado el lugar del oprimido. Nosotros hemos sido oprimidas. Y no es que estamos saliendo por entrar en guerra con el resto del mundo, sino por decir: "Aquí estamos, estas somos." Y nosotras queremos vivir de esta manera. Para mí eso cambia fundamentalmente las cosas. Son saltos cualitativos que se dan en la historia. No se dan solamente porque un bando mató al otro, sino porque un bando se autopercibió o autopercibió algo de sí mismo, como la caída en cuenta. Nosotras, las mujeres, aportamos eso al proceso de la humanidad hoy: caímos en cuenta.
Viste que tenemos un vocabulario belicista, ¿no? Vamos a la guerra, somos militantes, compañeros/as de lucha, hacemos operativos, todo relacionado.
Si, siempre uno se está revisando. Sobre todo que uno intenta estar cada vez más despierto y más atento. Pero también nosotros estamos formateados por la época, por el lenguaje, por los significantes, por los nuevos significados, por todo. Entonces yo creo que es un proceso. No se sale automáticamente. El lenguaje nos va formateando de un modo y no es solo el lenguaje de las palabras, es el lenguaje de las imágenes, de las sensaciones, de los sentires, de los colores, de todo.
Hay una palabra que está muy usada en el feminismo que tiene que ver con el empoderamiento. ¿Cómo la ves?
Mucho no me gusta el “empoderada”. A mí me gustan otras palabras, por ahí, más sencillas. Estamos acompañadas. Entonces, cuando una está sola se siente de un modo. Cuando una hace así y mira y tenés todo un conjunto a tu alrededor de aquellas con las que vamos caminando, la cosa se siente diferente. Te sentís más fuerte, con más posibilidades, con “vamos para adelante”.
¿Ves eso en el siloismo hoy en día?
Yo tengo una relación equidistante en este momento con el siloismo, no con muchos amigos y amigas siloístas, pero como no sé bien dónde ubicarlo al siloismo hoy, porque si es en los parques tengo alguna dificultad con esa cuestión de conservar los lugares, las estructuras, ni hablar de las jerarquías. Si bien me parece bien que la escuela, la doctrina se tiene que preservar de algún modo, también se va a preservar porque se va a transmitir, se va a compartir,se va a comprender. No me gusta mucho lo que ocurre en los parques hoy. Lo digo sinceramente: lo conversamos siempre con amigos. Sí, me siento parte de un cuerpo psicológico de muchos seres humanos que yo sé que queremos lo mismo. Eso me gusta mucho.
Nuestra escuela tiene un marco teórico distinto a las academias, ¿qué pensas sobre esto?
Ese marco teórico me parece que es muy interesante porque nos permite lanzar en el mundo acciones desde cada uno de nosotros. Es como decirte: cada uno de nosotros podría poner en acto un movimiento humanista si quisiera. Es maravilloso. Tiene una amplitud tal, tiene una envergadura tal que hasta nos permite eso. Con esto pasa lo mismo que con un montón de organizaciones, con el feminismo mismo, con el marxismo, hasta con la academia. ¿Qué academia queremos? ¿La academia hermética para cuatro cuidadoras, conservadora o queremos una academia inclusiva, diversa? Con el humanismo nos pasa lo mismo. ¿Qué vamos a hacer con ese marco teórico? ¿Dónde? ¿Cómo? ¿Cuándo? A mí me gusta esto de la multiplicidad.
Cuando nosotras/os nos juntamos a intercambiar: no diferenciamos por género o edad. ¿Cómo lo ves en este momento?
Y es difícil eso, desde “el nosotras” yo veo que hay como mucha mayor amplitud. Sobre todo las nuevas generaciones, me parece que es muy interesante lo que pasa. A ellos los veo con bastante más dificultad. También te diría que no es solamente a los hombres humanistas, sino en general. Están teniendo mucha más dificultad para salir de ese lugar que les puso lo establecido, fuera de eso me parece que también hay muchos amigos del mundo de la disidencia que también tienen sus problemas, es como decirte: se ven a sí mismo, pero resulta que el otro que es diferente y está enfrente, ya es diferente. A mí me parece que lo más interesante sería realmente borrar todo tipo de diferencia. El hecho de ser humano y punto. Nosotros tenemos como una especie de mecánica cuando nos juntamos: intercambiamos entre nosotros, mixtos. Y una de las cosas que se producen es que no hay género, no hay edad. Es maravilloso. (...)
¿Por qué creés que hay tantas barreras para el feminismo dentro del humanismo?
Esto tiene que ver con las resistencias que genera lo que mueve el piso, todo lo que desestructura lo establecido. Cuando nosotras hablamos de feminismo, hablamos de un cambio de mirada. Hablamos de un cambio un poco más profundo que tiene que ver con replantearnos, incluso la existencia y transmisión de la especie. ¿Qué pasa con nuestra especie? ¿Por qué estamos desembocando en esta violencia que no podemos parar ni nosotras mismas?¿Cómo es que nos estamos autodestruyendo? Tiene mucho que ver con que el “macho desquiciado”, desorientado está llevando el proceso del mundo ignorando a la otra parte que somos nosotras. (...) Nosotros tenemos un marco teórico muy preciso con respecto al tema de la violencia. Sin embargo, hay como una barrera porque, evidentemente, hemos tenido gente violenta, violadora, abusadora de niños/as y nos cuesta hacernos cargo de esto. O sea, no estamos pudiendo reconocer nuestras flaquezas, así que vamos a tener que replantearnos. Reconocer las flaquezas vendría a ser como reconocer las contradicciones. Y sí, claro llevarlo a nuestro lenguaje. Hay cosas de nuestra propia doctrina que nos llevan a confusión y que tenemos que sentarnos y desentrañar esto. La otra vez conversaba con tres mujeres humanistas y me decían: "Vos no podés negar la posibilidad de cambio de la gente." No, yo no niego la posibilidad de cambio, solamente que si alguien y, sobre todo, un niño/a me dice que fue abusado/a por una determinada persona, yo tengo el deber de creerle y de hacer algo en consecuencia con eso. Entonces, le vamos a dar la posibilidad de cambio que se trate fuera de nuestra organización en un lugar terapéutico, porque acá hay problemas, o sea, y no podemos hablar de esto, porque pareciera que cuando hablamos de esto producimos un menoscabo en nuestra doctrina porque nuestra doctrina no puede solucionar ese problema. Nuestra doctrina no está para solucionar ese problema. Está para darme un encuadre en el que a mí me permite transitar mi vida y organizar el mundo de un modo donde todos vamos a vivir mejor. Pero si este señor tiene este problema, hay que aislarlo y tratar el problema, para mí, humildemente. No podemos seguir negando las cosas ni acá ni en ningún lugar.
¿Qué actividades hacés ahora? ¿En qué estás?
Ahora en lo que estoy más activa es en una huerta comunitaria. Es una huerta donde somos mayoritariamente mujeres. Hay unos diez hombres, pero no es que vienen mucho y no participan activamente de la coordinación de la huerta, hacen tareas secundarias. Las mujeres somos las que estamos a cargo de esa huerta, desde la comprensión de lo que implica el cuerpo-territorio, que es muy impresionante. Algunas de ellas son madres, hay muchas abuelas también y hay pibas jóvenes. Es muy interesante lo que pasa ahí porque ya son unos cuantos años que venimos transitando juntas y los vínculos se refuerzan, se fortalecen y ahora estamos armando una red con otras huertas. Este sábado pasado pusimos en marcha la primera semilloteca porque también comprendemos que tenemos que apropiarnos del futuro y de las especies porque vienen por ellas. La disputa es personal y política.
¿Qué es “poner la parte femenina en acción” para vos?
La parte que equilibra que pone eso que nosotras somos y nosotras somos no violentas básicamente. Si tomamos contacto profundo con nosotras y con nuestro rol en la historia, en la humanidad. En lo social, veo mucho en las huertas, las mujeres enseguida queremos hacer algo en conjunto. Enseguida organizamos comida, chicos, quién los cuida, así con todo. Empieza a pasar algo y hay una que cuida y otra que cocina y otra que hace otra cosa y otra, la red. Es así, no sé cómo explicártelo. Es como si fuera un funcionamiento analógico de otro tipo. Los hombres: yo dirijo, hago, cabo, pongo, voy a poner tal cosa, voy a hacer. No, no, espera. Vamos a conversarlo, a ver qué haces vos, qué hace el otro, qué hace la otra. Y yo creo que en el humanismo nos falta eso. Nos sobran dirigentes y nos falta esta cosa de construcción entre todes. Rescato el encuentro hoy con muchas mujeres humanistas que nos vamos conociendo, descubriendo y eso me gusta mucho. Y gente que ni conozco: te doy un ejemplo, hace un tiempo el año pasado, en Noviembre fuimos a hacer un retiro al parque de La Pampa con dos o tres que estamos con el tema de Asesis. Y me encantó el grupo de mujeres, me enamoré de ese grupo de mujeres que hay ahí en el parque de La Pampa. Me gusta lo que lo que vi, lo que percibí, lo que charlé con ellas.
Así como ella me inspira, también hay otras que ya vendrán.



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